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Posts Tagged ‘silencio’

Llegaba a casa, más que cansado, rendido, y abatido. Su viejo perro Labrador, ni se inmutó de su mullida alfombra al oírlo llegar.

Richard, dejó las llaves como de costumbre, sobre la antigua cómoda de la entrada, para dirigirse casi por inercia al teléfono. Pero en sí, realmente sabía que no era por inercia, su subconsciente más conciente buscaba encontrar algo en él, deseaba y esperaba que hoy, aquella figura, que últimamente más que útil, era decorativa, como por arte de magia dijera algo.

Se paró cuatro largos segundos, antes de conectar el botón del contestador; cuatro eternos segundos que le bastaron para llenarse de valor, cuando realmente le plagaba el miedo y la ansiedad. Su cabeza se llenaba de duras pero reales contradicciones, que prolongaban su sensación de derrota. Por un lado, su lucha conciente por convencerse de que en verdad, no necesitaba nada, ni a nadie, que esta tortura a la se sometía cada noche no podía ser sana,  y esto contrastaba con el atisbo de esperanza que le proporcionaba esos mismos eternos segundos.

Respiraba hondo, y esa situación llena de dolor y casi placer, le era familiar, no más la llevaba gravada hacía ya casi diez meses; como cada noche, de cada día, de todos aquellos meses. Después de cuatro interminables e imborrables segundos sólo se escuchaba un agudo, y a estas alturas desagradable pitido, mas que sonido, que le despertaba de sus sueños, para hundirle en la realidad de que tras el aparato no había nada, sólo silencio.

¿Porqué iba a ser hoy menos? ¿Porqué sería hoy, entre tantos esos días diferente? Aunque así lo deseara. En ese instante, justo en el punto en que ya el pecho no resistía más dolor, Richard encontró las fuerzas para presionar la tecla del teléfono. De inmediato el seco y grave sonido desgarró la poca dignidad que guardaba para esos cuatros segundos. Sólo la tierna mirada de Boston, su perro, que como si leyera sus entrañas, le observaba desplegando en sus ojos la mas tierna y casi comprensiva mirada, y eso le sosegó.

Y como cada noche, de cada día, de cada mes, Richard abandonó su cuerpo sobre el gastado sofá de piel curtida, más por el tiempo que por otra cosa, y dejó dormir sus sueños hasta la próxima jornada.

           22 – Mayo – 2011

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Salió de la ducha, dejando que sus cansados pies le dirigieran al armario del lavabo. Con un ataque de indiferencia, observaba esas facciones que por momentos le resultaban conocidas, pero que en días como hoy le proporcionaban un seco silencio.

El rostro que ahora le vigilaba, que llorara tantas veces como lo hiciera ella, que otras tantas copiara sus sonrisas;  en ese instante le pagaba con la misma moneda de impasibilidad, frialdad, desdén y apatía.

Quizás esa imagen del espejo la describiera al completo, quizás copiara su fisonomía, sus gestos, sus rasgos. La verdad era, que ese lado del cristal no la representaba ni la definía, sólo la retrataba, la calcaba; tal vez la cara oculta de esa fría luna pudiera guardar los secretos de su verdades.

Tal vez en el reverso del espejo estuviera gravado su auténtico perfil de pensamientos, pasiones, aflicciones y sentimientos, su cara de la conciencia.

        20 – Mayo – 2011   

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