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Posts Tagged ‘RUMORES’

Cuando realmente creía que se encontraba solo, Carlos miraba tras los cristales del salón, intrigado por el creciente bullicio que desde hacía ya varias horas había despertado su mañana.

Un ir y venir de gente ocupaba la plaza centenaria, donde normalmente solo se vislumbraba los kioscos de prensa y las terrazas de los ya históricas cafeterías.

Donde normalmente había habido un sendero rutinario de turistas, que cruzaban la plaza buscando el ángulo perfecto para sus fotos, o algún lugar en las terrazas donde tomar algo fresco en verano, o un cálido café en las gélidas tardes de invierno; hoy cubría sus baldosas un número ingente de hombres y mujeres de aspectos variopintos, y que en su conjunto revestían la plaza, como si al unísono hubieran bordado un manto que la escondiera bajo sus pies.

Este inusual comportamiento, despertó la curiosidad de Carlos, que asombrado recorría con la vista, aún dormida, diferentes rincones del adoquinado foro. Se dejaba sorprender a cada clavada de su vista, donde ayer se encontraban los viejos bancos de piedra, hoy se erguían improvisadas, rudimentarias e inestables tiendas de campaña y pequeñas carpas caseras, que se abrían paso mezcladas entre pancartas, letreros y artesanales vallas publicitarias, por los que todos pasan, como si buscaran encontrar en ellas alguna información personal y transcendental .

Los segundos llenaban el aire de mas rumores, y de algún que otro, casi incomprensible sonido, que los recién instalados altavoces mezclaban con la ruidosa multitud.

Carlos no conseguía entender lo que se esforzaba por escuchar, y aquel río de gentes revueltas sin intención de abandonar el terreno, tampoco le proporcionaba pista alguna de lo que pudiera haber producido tal extraña y ruidosa situación.

Olvidando su desayuno, incoherentemente decidió, arriesgarse a tomarse un café en la que sabia seria una ardua cruzada, ante tal tumulto de gentío, queriendo hacer lo mismo. Pero su fin era calmar su mente curiosa e insaciable de una información.

No con mucha prisa, pero con firme decisión, cubrió sus hombros con su inseparable chupa de piel, y palpando sus bolsillos, esperando encontrar las llaves de su piso. Llave en mano, cigarros y mechero en otra, descendió los viejos y desgastados escalones que serpenteaban los cuatros pisos del octogenario edificio.

Medio dormido aún, salió a la calle dejando que sus ojos y oídos se abrieran y salieran a ella ansiosos de averiguar y descifrar lo que en ella acontecía.

Fue ahí, donde y cuando Carlos se percató en segundos, y a groso modo que la sensación que le embriagaba, exaltaba, animaba y envolvía, era realmente un clamor popular hecho protesta. Era como si alguien le hubiese abierto el cerebro, y sin orden pero con firmeza, hubieran copiado y gritado con megáfono, todas sus inquietudes, dudas, reivindicaciones,  sin sabores e indignación social.

Sus protestas, habían sido plasmadas y gritadas por bocas que no eran la suya, y a las que sin pensarlo, anhelaba unirse. La indignación que tantas veces había llenado sus pensamientos, se hacían palabra, grito, panfleto, pancarta, letrero…

Cuando realmente creía que se encontraba solo en su lucha, Carlos descubrió que era testigo y participe, el día en que se levantó la conciencia.

                                      22 – Mayo – 2011

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