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Posts Tagged ‘RAILES’

                Yolanda terminaba el curso en quince días y, en ese tiempo, tendría que darle rumbo a su vida. Lo que no sabía era que tan pequeña decisión cambiaría el resto de su vida.

                ¿Como haría para conseguir trabajo en tan poco espacio de tiempo? ¿En qué podría emplearse alguien con tan sólo 18 años y con un pequeño título de administrativa bajo el brazo? Como otra tantas veces, la vida se le presentaba igual de dura y real, más real incluso de lo que pudiera imaginar.

                Fue de camino a su actual residencia de estudiante, cuando dejó de pensar y se dejó llevar por sus ya conocidos impulsos optimistas. De esa forma, y dejándose acompañar por un cortado y el humo de un nuevo cigarro, se dispuso a devorar todas las tintadas páginas de uno de los periódicos de la zona.

                Pero el optimismo que le era característico se desplomaba por segundos, a cada página, a cada anuncio, a cada reclamo de trabajo. Supo entonces que la vida real era un verdadero laberinto para el que no le habían preparado en ningún lado, pero eso no la detendría: era cuestión de supervivencia, era cuestión de comer.

                Rendida ante tal avalancha de escuetos anunciantes, con los pies cansados e hinchados de tanto caminar buscando no sabía bien qué, retomó el resto del camino al colegio donde se quedaba. Fue el sofocante día de verano lo que la hizo mirar tras suyo y fijar la vista en la estación del tranvía. Con una extraña congoja en el corazón y con algo de esperanza en el bolsillo, miró en este buscando restos de la calderilla que le diera el camarero minutos antes. ¡Sí!, se dijo, tenía justo para regresar sentada a casa, si se podía llamar a aquello casa. Bueno, pensaba, es lo más parecido a un hogar ahora mismo.

                Gracias a Dios no le fue difícil encontrar donde sentarse y dejar descansar sus hinchados tobillos y sus pensamientos. Alguien se había dejado el ejemplar de otro diario en la rejilla trasera del asiento que le precedía, y casi por inercia se dispuso a leerlo, bueno, más que leer fijaba la vista en los simples títulos de cada artículo. No quería complicar su mente con conceptos trascendentales, no estaba para leer las historias complicadas. Casi como por instinto, pasaba las páginas como un niño chico busca los dibujos, sólo que sus manos intentaban llegar a las que ofrecían trabajo a tantos desesperados.

                Nunca imaginaría que un viaje en tranvía cambiaría su vida, nada más y nada menos que los 22 años siguientes de su vida, y con ello todo lo que una vez de niña imaginó inocentemente que podría lograr, todo lo que ni ella sabían aún que necesitaría.

                Tres pequeñas líneas casi imperceptibles en la penúltima página fueron suficientes para su desesperada vista. Fue allí cuando sus pequeños párpados caídos se abrieron, iluminando su rostro y acelerando su joven corazón.

                “Se busca vendedora de muebles con dos años de experiencia en el ramo. Interesados llamar al teléfono indicado de9 a1 y de4 a8.”

                El fuerte palpitar le hizo ponerse en pie mucho antes de llegar a su parada; ella era así de impulsiva y visceral. Capaz de ver el cielo en una gota de agua, pero de igual formar se podía ahogar en otra igual.

                Lista para lo que pudiera pasar, bajó en la parada contigua al colegio y volvió a palparse los bolsillos buscando vida, nunca mejor dicho, su vida.

                Dos monedas le fue suficiente para labrar su futuro. Marcó el numero y una voz varonil le preguntó por su experiencia y ella, sin dudarlo, dijo que tenia 3 años trabajados en el ramo requerido.

              Sabía que se la estaba jugando: los únicos muebles que había visto en su vida eran las viejas reliquias que decoraban la casa de sus padres. Pero el que no arriesga no tiene, se decía. Y así fue, consiguió una entrevista para el día siguiente en la capital.

                No importaba entonces sus pies dolorosos, ni su ruidoso y hambriento estómago. No, ya no importaba, porque volvía a estar viva, volvía a tener esperanza y sueños, volvía a creer en todo y sobre todo en ella misma.

ANA ESTHER GONZÁLEZ GONZÁLEZ

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