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 DIA 5 DE MAYO (150)

Allí donde la tierra se dobla y arruga cual pliegues de un abanico. Donde la historia la hace impenetrable, ruda, inconquistable y a la vez afable.

Donde el aroma nace en cada esquina, donde el murmullo del agua llena cada recodo del camino. Donde el agua suena y te arrulla a cada paso, aunque no la veas porque juega a esconderse a tu derecha o izquierda, camuflada entre arbustos y árboles centenarios, bajo puentes milenarios o entre escarpadas montañas.DIA 5 DE MAYO (16)

Allí donde la vida crece como un regalo, donde el color de cada horizonte y cada valle se pincela con hermosos y antiguos caseríos, conservados o quebrados por el tiempo, reliquias de un lugar hecho a conciencia y con paciencia para que perdure.DIA 4 DE MAYO (108)

Allí, donde casi nadie sale y casi nadie entra. Donde el que entra no sale porque la belleza y la paz le atrapan y envuelven. Donde las cosas tienen doble valor por lo que cuestan hacerlas, conseguirlas y conservarlas. Donde la tradición es mucho más que una palabra, donde lo viejo es algo más que historia.DIA 4 DE MAYO (413)

Aquí donde se vive sin prisa, donde la brisa llena de pasado el presente, donde las casas y las cosas son historia por derecho propio, donde la misma historia los olvidara.DIA 8 DE MAYO (110)

Aquí, la parte de España que se arruga impenetrable, hoy es guardián de ella, de sus cosas, de sus sabores, de sus gentes, y de sus olores.

Aquí se alza Asturias…”tierra de mis amores…”.

 

La Laguna    29-10-2014    Copyright

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Caminaba mirando las líneas azules y verdes del horizonte, dejando que la dura brisa que llenaba de frio mi garganta, encendía mi ilusión.

 

Descubría a cada paso una nueva imagen, mientras me dejaba cautivar por cada rincón que modelaban mis ojos. Observaba cada canal, cada animal tumbado en la hierba, cada imperceptible doblez de la tierra, cada nueva panorámica que se presentaba mientras avanzaba, y como si yo fuera el centro de la tierra, de cuando en cuando, volvía la vista a tras para percibir una visión global de lo que me rodeaba y envolvía.

 

Fijaba mis ojos a un pequeño grupo de arboles majestuosos que se diferenciaban de un eterno e idílico césped, en apariencia uniforme. Estos se agrupaban como si cada uno quisiera cubrir al otro del frio, y se alzaban cual imponentes torres catedralicias, se enlazaban queriendo ocultar algo aún más grandioso e irrepetible.

 

Cuál no sería mi sorpresa, al entender el porqué aquel pequeño e impetuoso bosque guardaba un secreto. Tras casi media hora de una fría pero relajante e indescriptible caminata, cuando ya había conseguido impregnarme de un hermoso silencio y de un paz que no había imaginado, el resto de mis sentidos se dejaban llevar por la revolución sentimental que me llenaba, y como colofón, esa cortina de arboles se abría en el momento justo para regalarme el más bello horizonte de calma y de color que hayan visto mis ojos. Tenía ante mí un extraño mar en calma, unas aguas con dos orillas en las que sentías poder caminar y flotar.

 

Un espejo del cielo que enmarcaba dos pequeñas blanquecinas, luminosas y aperladas playas, cuyas arenas las había forjado el tiempo y los diminutos guijarros que el imaginado invierno había quebrado. Y como si el cielo te diera la oportunidad de andar sobre las aguas, un pequeño sendero de poco más de un metros de ancho se adentraba en el agua para poder pasear en él y contemplar aún más de cerca, el más pintoresco y colorido faro anclado al final de ese diminuto pero impactante camino.

 

Cuando llegamos a su pie, lo adornaba un hermoso catamarán con diseño antiguo que había arribado a su lado, tal si compitiera en belleza con el faro y como si uno quisiera decorar al otro. Allí, rodeada de silencio, de la dulce luz del atardecer que se acercaba pintando el cielo, el mar y al faro de unos hermosos colores naranjas y atejados, encontré un viejo banco quemado por el frio y el hielo del invierno, y que me invitaba a acompañarle.

FOTOS MIASNo, no me senté, más bien me subí a él, apoyándome en su respaldo, y allí, miré, miré, y miré; me dejé ir por las líneas del agua, por las del cielo y por el color que me rodeaba. Allí, rodeada de tanta gloria me sentí grande y pequeña; era yo, un yo que me llenaba y me vaciaba, que se dejaba morir y renacer; un yo que me invitaba a parar y seguir, y un yo que se llenaba de paz y me invitaba a luchar.

Allí, donde disfrutaba del presente, olvidaba el pasado y encontraba futuro. Allí, mis ojos, mi pecho, mi espíritu y mi alma encontraron más razones para seguir.

 

  Agosto del 2011               Fotos mias.

 

 

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