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LAS CASTAÑAS DEL OTOÑO QUE LLEGA9

    Llegó el otoño, y aunque el aire aún es cálido, los rincones de las casas allí donde su estructura se ancla con el asfalto, se llenan del nuevo renacer de las pequeñas hierbas que buscan otra vez su lugar en el mundo, donde el rocío de las noches alimenta su verdor dándoles esperanzas de una nueva vida otoñal.

    Sí, ha llegado esa estación en la que nos preparamos para el 18chocolate caliente abrazados a la vieja manta que guardábamos en el desván. Sí, ha llegado el otoño al mismo compás que desempolvo esos libros que leeré en mis rincones favoritos, que los abrigos de lana de cuello alto salen a la luz tras un largo verano guardados junto a las coloridas bufandas.

    Saboreo el caminar con una dulce parsimonia por los viejos adoquines levemente mojados por el sereno de la noche, y que el amanecer aún no ha secado. Reconocer en el aire el perfume de los árboles que el otoño hace despertar, esas fragancias a eucalipto, a laurel, a aromas que reconoces pero que eres incapaz de descifrar.

    Miras al cielo y las aves revolotean a otro ritmo, como si bailaran al compás de 26la caída de las hojas, mezclándose y camuflándose entre ellas, en esa esponjosa alfombra de colores que tejen al caer.

    Llegó el otoño y el anhelo de calentar las manos en una cálida y humeante taza de té. Las cafeterías abren sus toldos y despliegan sus mesas y sillas bajo la tenue luz de estos nuevos amaneceres. La gente se mueve con pasos sosegados buscando el lado de la calle donde los rayos proporcionan una calidez suave pero reconfortante.

   4 Las viejas tejas lloran gotas de rocío nocturno y los verodes se inclinan hacia la calle tímidamente como el que juega al escondite, mientras sin rumbo fijo recorro las mismas calles que me son tan familiares todas las semanas, pero que cada vez, y hoy con más razón, se viste de aire otoñal.

    El humo que invade alguna de sus esquinas marca el ambiente 31con un olor característico, y a medida que me acerco a él, descubro sin asombro bajo un improvisado y viejo toldo, la quemada cacerola sobre unas incandescentes brazas de carbón.

    Llegan a mí los primeros aromas que me recuerdan momentos llenos de vivencias anteriores. El olor a tierra mojada, el regreso del tostador de castañas, la visión casi única de contemplar el despertar de las montañas cubriéndose de un inigualable verdor.

    Contemplo, como el tostador de castañas agita y sacude con cierta maña su contenido como quien le da vuelta a una tortilla y el olor que la brisa se encarga de disipar se eleva en el aire, como quien cuelga del cielo un letrero con su nombre.

    Sí señor, han llegado las castañas tostadas, y las manos quemadas por el humo y el carbón, no hacen más que marcar los rasgos típicos del tostador de castañas, 29mientras que, con habitual agilidad, prepara los cucuruchos de papel. A su lado, un padre con su hijo espera paciente la siguiente remesa de calientes y olorosas castañas, a la vez que le da al pequeño una moneda para que pague.

    La nube de humo se intensifica bajo los paneles de latón del viejo puesto y el 34tostador levanta su gorra para secarse el sudor. Bajo ella, la marca del hollín delimita y marca las horas que lleva al frente del puesto, y sus arrugas se acentúan por el humo que queda atrapado en sus pliegues.

    El niño mira a su padre desesperado, impaciente y ahogado por el humo que la brisa de otoño remueve a su lado, mientras le gente que pasa se ve atrapada por el reconocido olor y se acercan a comprar.15

    Sí señores, ha llegado el otoño incluso antes de que lo diga el calendario.32

    Sí señores, ha llegado desde que clava su puesto el tostador de castañas.

 

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                                                                                        13-11-2016

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